INDICE
Marco teórico-referencial
2. Una visión holística
de la evaluación.
No se puede pretender generar
procesos evaluativos que sean realmente significativos, si previamente
no se tiene un marco claro en torno a lo que significa la eva-luación,
sus objetivos y sus procesos.
Por otro lado, es imprescindible
considerar que las expectativas creadas y el interés demostrado
por los di-ver-sos grupos sociales, en torno a la calidad del fun-cionamiento
y de los resultados de la educación superior, requiere información.
Una sociedad bien informada pue-de contribuir a mejorar la calidad educativa
en las institu-ciones de educación superior.
Es aun frecuente el encontrarse
con conceptos diversos acerca de la evaluación y, sobre todo, con
ambi-güe-da-des y confusiones conceptuales y proce-dimentales entre
evalua-ción, medición y acreditación. Ante esta
realidad, se hace necesario establecer un marco teórico en torno
al tema. Este marco, además de contener teorías
que fundamenten la propuesta de EVALUACION Y ACRE-DI-TA--CION DE PRO-GRAMAS
DE FORMACION DE INGENIEROS, debe culminar con definiciones opera-cionales,
que faciliten y contex-tualicen la operativi-zación de dicha propuesta.
2.1 Evaluación.
El término evaluación
incluye varias acepciones que se suelen identificar con fines diferentes,
como: valorar, enjuiciar, controlar, fiscalizar, etc. Algunas de ellas
acarrean, incluso, ciertas connotaciones socialmente negativas.
Algunas veces la evaluación
ha sido utilizada con esas finalidades, pero, fundamentalmente debe ser
atendida como un proceso necesario para mejorar la calidad de la educación
que se imparte en las instituciones educativas. El proceso de evaluación
pone de relieve qué está ocurriendo y por qué y aporta
datos válidos de cómo son las situaciones y los hechos que
son objeto de estudio.
En términos generales,
la evaluación es un "proceso de análisis estructurado
y reflexivo, que permite comprender la naturaleza del objeto de estudio
y emitir juicios de valor sobre el mismo, proporcionando información
para ayudar a mejorar y ajustar la acción educativa" (Ruiz,
1996:18).
Sobre la base de esa definición
conceptual se construye -con fines del presente trabajo- la siguiente definición
operacional:
Se entiende por evaluación
el proceso -no un momento- de recopilación de información
que analizada e interpretada a la luz de un marco referencial posibilite
la emisión de juicios de valor que conduzcan a la toma de decisiones
institucionales.
La definición apuntada
permite, en primer término, establecer una distinción entre
la evaluación y la medición. La medición no es evaluación,
es sólo una parte de ella asociada al proceso de recopilación
de información. La información recopilada, si es cuantitativa,
puede ser objeto de medición lo que permitirá mayor precisión
en la presentación de datos y la construcción de indicadores
y parámetros comparativos.
Desde esta perspectiva la
evaluación resulta un proceso influido por los restantes elementos
del proceso educativo global y, además, es esencialmente distinta
a la medición. Se puede comprender mejor la diferencia en la comparación
que establece José Ruiz de la Universidad Complutense de Madrid-España
(1996:18).
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-
Expresa
un valor absoluto.
-
Es
un momento estanco; no procesual.
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Está
subsumida en la evaluación.
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No
implica evaluación.
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Constituye
un medio para valorar.
-
Es,
simplemente, un medio para obtener datos.
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Expresa un juicio de valor relativo.
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Es un proceso dinámico.
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Subsume a la medición,
siendo más extensiva.
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Implica, entre otros procedimientos,
a la medición.
-
Es la valoración misma.
-
Compara los datos con los resultados
previstos.
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Los resultados reportados
por la medición (dentro del proceso de evaluación) deben
ser interpretados a la luz de un marco referencial. En esta línea
se sitúa Santos Guerra (1990:45), cuando al presentar la dimensión
etnográfica de la evaluación institucional define que:
"Para mejorar la práctica
es necesario conocerla en profundidad. Reconstruir la realidad desde una
perspectiva crítica no sólo supone su contemplación
aséptica y su descripción rigurosa. Es necesario interpretarla,
saber dónde están las raíces de los comportamientos,
las causas de las actuaciones, los efectos del desarrollo curricular (tanto
explícito como oculto)".
El marco referencial con
el que debe confrontarse la información recogida, estará
constituido fundamentalmente por la naturaleza de la institución
o programa a ser evaluado, sus objetivos y las necesidades y urgencias
sociales.
Si ha de evaluarse una Universidad
o un programa de ella no puede dejar de tomarse en cuenta los fines últimos
de una institución de educación superior: la formación
de profesionales debidamente capacitados, el desarrollo y difusión
de ciencia y tecnología y la atención oportuna de su responsabilidad
social. Tener en cuenta esto es importante para no caer en una visión
empresarial o "eficientista" de la evaluación, preocupada sólo
por el uso eficiente de los recursos olvidando la dimensión pedagógica
que ha de estar en primer lugar.
De la confrontación
de la información con el marco referencial surgirá un juicio
de valor sobre la calidad de la realidad evaluada. El concepto "calidad"
es siempre un concepto abstracto y relativo; es decir, calidad en
relación con…
En este punto es conveniente
detenerse para crear un lenguaje común relativo a la CALIDAD,
a través de algunas definiciones operacionales.
-
CALIDAD. Es un
concepto abstracto y relativo (de carácter comparativo) como ya
se expresó. Es multidimensional, por la pluralidad de sus componentes.
El mejoramiento de la calidad no es unilineal, viene definido desde muchas
direcciones.
Para mayor claridad del
alcance del concepto de calidad, es necesario crear un lenguaje común
en torno a la connotación de los términos relacionados con
las manifestaciones de la calidad y con la posibilidad de medición
y verificación de esas manifestaciones, como ser: criterio, indicador,
índice, parámetro, instrumento y estándar (CINDA,
1992: 13-16).
-
CRITERIO. Es un
principio valorativo que regula las manifestaciones del objeto de la evaluación.
Esas manifestaciones se presentan en varias dimensiones. Entre otras: eficiencia,
eficacia, relevancia y efectividad.
-
EFICIENCIA. Entendemos
por eficiencia al uso óptimo que hace una institución o un
programa de los recursos, con el fin de conseguir que los procesos conduzcan
al logro de los objetivos. La eficiencia puede ser de orden administrativo
y de orden pedagógico. La primera está referida a los recursos
humanos, financieros, etc. La segunda se refiere a los medios operativos
para el desarrollo curricular.
-
EFICACIA. La eficacia
debe ser entendida como la correspondencia entre los objetivos logrados,
por una institución o por un programa, con las necesidades, expectativas
y demandas sociales. La eficacia se puede manifestar por el grado de adecuación
de la institución o programa, por el costo-efectividad
o por el costo-beneficio de sus productos.
-
RELEVANCIA. Esta
debe ser concebida como el reflejo de los fines de la institución
o del programa. Se refiere al "para qué se educa".
La dimensión del criterio de relevancia se manifiesta a través
de la pertinencia, el impacto y la oportunidad con las que la institución
o programa de formación profesional afectan al contexto en el que
se insertan.
-
EFECTIVIDAD. Consiste
en la congruencia que existe entre lo planificado y lo logrado por la institución
o programa. Se expresa a través de las metas explícitas,
el cumplimiento de las mismas y el logro de los aprendizajes.
-
INDICADOR. Es
la manifestación o traducción de una cualidad o propiedad
del objeto de la evaluación. Los indicadores pueden ser cualitativos
o cuantitativos. Los indicadores cuantitativos, cuando señalan una
relación, se expresan en índices.
-
INDICE. Es la
expresión numérica que representa una relación de
dos características de una población. Ej. :
-
PARAMETRO. Unidad
de medida de los atributos del objeto de evaluación. Para comparar
los atributos con el parámetro se recurre a instrumentos de recolección
de información.
-
INSTRUMENTO. Se
constituye en el medio de recolección de información.
-
ESTANDAR. Se lo
considera como el parámetro mínimo exigido para considerar
satisfactorio el logro alcanzado por el objeto de la evaluación.
Habiendo creado el lenguaje
común en relación de la calidad, sus manifestaciones y criterios
para verificarla retornemos ahora al tema de la evaluación.
Para la evaluación
de una institución o de un programa universitario, la calidad de
éstos debe ser establecida, por lo menos, en las dimensiones de
relevancia, efectividad, eficacia y eficiencia.
La relevancia
será juzgada a través de los criterios de pertinencia, impacto
y oportunidad. La efectividad, referida a la congruencia
entre lo planificado y los logros obtenidos deberá tener en cuenta
las metas explícitas y el cumplimiento de tales metas. La eficacia
dice relación entre los objetivos logrados y las necesidades y demandas
sociales. La eficiencia está referida al criterios
del óptimo uso de los recursos, buscando calificar tanto la eficiencia
administrativa como la pedagógica en la productividad y rendimiento.
Los juicios de valor acerca
de la calidad están orientados a la toma de decisiones institucionales
para el mejoramiento y fortalecimiento de la institución o programa
evaluados. Así, la evaluación nunca debe penalizar ni generar
exclusiones; será más bien punto de partida para la formulación
de acciones institucionales que permitan el reordenamiento de áreas
específicas del quehacer académico.
2.2 Características
generales de la evaluación.
La evaluación, como
ya se mencionó, tiene diversas acepciones que, a su vez, responden
a paradigmas específicos.
Sea cual fuera el paradigma
por el que se opte, proceso evaluativo deberá responder a una serie
de características básicas. Estas características
son las siguientes (Ruiz, 1996:19-20).
-
La evaluación es un proceso
integral y comprehensivo: significa que debe abarcar todas las variables
del ámbito sujeto a la evaluación. Podrá utilizar
cualquier tipo de técnicas e instrumentos para la recolección
de información pertinente y en armonía con la correspondiente
planificación. Toda información sobre el objeto evaluado
contribuirá a cualificar el juicio emitido acerca de él.
-
La evaluación es indirecta:
puesto que las variables, en el campo de la educación, sólo
pueden ser mensurables y valoradas en sus manifestaciones observables.
-
La evaluación debe responder
a un proceso científico: tanto en la selección, diseño
y aplicación de los instrumentos, como en la metodología
empleada para la recolección, procesamiento y análisis de
información, así como también en la interpretación
de los resultados.
-
La evaluación es un proceso
referencial: porque toda acción valorativa tiene como finalidad
esencial relacionar los logros obtenidos con las metas u objetivos propuestos
por una institución o un programa.
-
La evaluación es un proceso
continuo: significa que, integrada a los procesos de cada ámbito
evaluado, forma parte intrínseca de la dinámica de ese ámbito.
Esta característica otorga a la evaluación una dimensión
formativa o retroalimentadora, aportando a modificar aquellos factores
o aspectos que sean susceptibles de mejora.
-
La evaluación debe ser
un proceso participativo y cooperativo: entendiendo que en este proceso
se impliquen todos aquellos elementos personales que en él intervienen.
2.3 La evaluación:
un proceso científico.
Considerando la característica
científica de la evaluación, descrita en el punto 2.2.3.,
se puede hablar de una investigación evaluativa que concrete el
proceso. Debemos entender por INVESTIGACION EVALUATIVA al
proceso de construcción de conocimientos sobre la realidad de una
institución o de un programa. Se trata de un proceso de obtención,
procesamiento, análisis e interpretación de información
sobre una situación institucional o de un programa. Este proceso
debe conducir a la emisión de juicios de valor para la toma de decisiones.
Se utiliza cuando se quiere conocer cuáles han sido los logros,
los fracasos, aciertos o desaciertos de una situación institucional
o de un programa.
Al convertirse la evaluación
en un proceso de investigación científica, responde también,
a diferentes enfoques epistemológicos que, a su vez, utilizan procedimientos
diferentes. Los enfoques epistemológicos principales de la investigación
evaluativa son:
-
Enfoque cuantitativo-racional:
utiliza procedimientos que requieren la medición y cuantificación
de los fenómenos educativos. La base disciplinar de este enfoque
se asienta en la psicología experimental y en la pedagogía
experimental. Los objetivos que busca la evaluación con este enfoque
están referidos a las relaciones causales entre las variables, objeto
de estudio. Sus recursos metodológicos corresponden a diseños
experimentales, mediante la aplicación de técnicas estadísticas
que reportan datos de naturaleza cuantitativa.
-
Enfoque cualitativo-fenomenológico:
en este enfoque cada fenómeno educativo es tratado como algo único,
condicionado por las circunstancias particulares del contexto donde se
produce, lo que dificulta la generalización de los resultados. Su
base disciplinar nace en la sociología y la antropología.
Los objetivos que busca están referidos a la descripción
general de las instituciones o programas, desde la perspectiva de sus participantes.
Propone la evaluación de las instituciones o programas en sus contextos,
utilizando recursos metodológicos como la observación y la
descripción.
-
Enfoque ecléctico:
este enfoque combina características y procedimientos del enfoque
cuantitativo y del cualitativo. Sus objetivos están relacionados
con la necesidad de aumentar evidencias en la búsqueda de relaciones
causales, estudio de procesos y datos de contexto. Utiliza todo tipo de
recursos metodológicos.
-
Enfoque de análisis costo-beneficio:
este enfoque tiene una orientación economicista. Sus objetivos apuntan
a emitir juicios de valor sobre una institución o programa en base
a su rentabilidad. Pese a no ser el enfoque más adecuado para evaluar
en el campo de la educación, se lo aplica, a veces, para definir
la rentabilidad de los logros.
2.4 Estrategias
de evaluación.
-
Desde el punto de vista del
objeto de evaluación se plantean, básicamente, dos estrategias
para evaluar las instituciones educativas (la Universidad se la concibe
como una institución de ese carácter): una de carácter
global, llamada evaluación institucional y otra de carácter
parcial que es la evaluación de programas de formación profesional
(en el caso universitario).
-
De carácter global o
EVALUACION INSTITUCIONAL: implica a todos los procesos e
instancias de la institución, organizada en "unidades de gestión"
para hacer operativo el proceso de evaluación. La institución,
en este caso, debe ser entendida como una "unidad funcional" en
la que se articulan coherentemente diferentes "unidades de gestión",
buscando el logro de fines comunes, que respondan al marco doctrinal asumido
por la institución.
-
De carácter parcial o
EVALUACION DE PROGRAMAS DE FORMACION PROFESIONAL: implica
una determinada "unidad de gestión" de una institución
educativa. Está orientada a valorar la calidad y los logros de un
programa de formación profesional (considerado como "unidad
de gestión"), como base para la posterior toma de decisiones
de mejora, tanto del programa, como del personal involucrado en él.
-
Desde el punto de vista de los
sujetos que evalúan, la evaluación puede ser interna o autoevaluación
y externa, heteroevaluación o evaluación por "pares académicos"
(en el caso de la Universidad).
-
EVALUACION INTERNA O AUTOEVALUACION:
se considera autoevaluación a la aplicación de procedimientos
de investigación evaluativa para la valoración de la calidad
de los logros de una institución o de un programa. Es la investigación
evaluativa realizada por los propios "agentes" universitarios.
Este proceso debe reportar un informe autoevaluativo, que será el
documento esencial para el desarrollo de la institución o del programa,
objeto de evaluación y para la evaluación externa que vayan
a realizar los "pares académicos".
-
EVALUACION EXTERNA, HETEROEVALUACION
O EVALUACION POR "PARES ACADEMICOS": debe ser concebida como el
proceso en el que se aplican procedimientos de investigación evaluativa,
buscando verificar las situaciones detectadas en el informe evaluativo.
Es una evaluación conducida por agentes externos a la institución
o el programa, sobre la base de los criterios reportados en la autoevaluación.
Los agentes externos a la Universidad serán considerados como "PARES
ACADEMICOS".
Los "pares académicos"
deberán ser profesionales de reconocido prestigio, expertos
en investigación evaluativa y educación superior (para el
caso de evaluación de instituciones). Para la evaluación
de programas, además de ese requisito deberán conocer a profundidad
el campo del saber específico del programa sometido a la evaluación.
Los "pares académicos",
además, deberán ser profesionales sin prejuicios, que puedan
emitir juicios de valor en forma objetiva, para dar validez y confiabilidad
a los resultados del estudio.
-
Desde el punto de la finalidad
última de la evaluación, podemos señalar a la meta-evaluación
o la evaluación síntesis que supone la
"EVALUACION DE LA EVALUACION", a la luz de los resultados de la
autoevaluación y de los reportados por la evaluación externa
por "pares académicos", en base a la construcción de un lenguaje
común y al análisis y comprensión de cada contexto.
2.5 La evaluación
un proceso holístico.
Para cerrar el punto referido
a la evaluación conviene considerar que para que la evaluación
logre los propósitos señalados en los apartados anteriores,
es importante que sea concebida dentro de una visión holística,
es decir, que se busque extraer descripciones a partir de observaciones
de lo global y lo concreto, más que de lo simplemente cuantificado
y disgregado.
Por otra parte, si se quiere
hacer de la evaluación un instrumento privilegiado de mejoramiento
de calidad, ella deberá ser total, lo que suponen la concurrencia
de la autoevaluación y la evaluación externa, en un proceso
articulado y continuo.
Como ya se mencionó,
la autoevaluación es la evaluación desarrollada
por los propios actores internos de la institución o del programa.
En un proceso de investigación-acción participativa la institución
o el programa se evalúa a sí misma.
Ha solido argumentarse contra
la autoevaluación, señalando que uno no puede ser juez y
parte. Se olvida la naturaleza de la evaluación y su propósito
central de conducir a la toma de decisiones tendientes al mejoramiento
de la calidad educativa: no juzga (en el sentido jurídico del término),
ni sanciona; emite juicios de valor para retroalimentar los procesos de
administración educativa.
La autoevaluación,
lejos de ser innecesaria o contraproducente, es imprescindible en cuanto
se constituye en un momento de toma de conciencia de la propia realidad.
Esta toma de conciencia es factor fundamental para impulsar al mejoramiento
de la calidad.
Ha de reconocerse, sin embargo,
que sola la autoevaluación conlleva el riesgo de enfatizar sólo
aspectos positivos, dejando a un lado o minimizando los negativos. Por
eso a la autoevaluación debe seguir la evaluación externa.
La sola evaluación
interna (autoevaluación), puede ser sesgada ; la sola evaluación
externa, que no involucra a los actores internos, puede convertirse en
un proceso meramente ritual e ineficiente.
Una evaluación totalizadora
u holística resultará de la confrontación de los resultados
de la evaluación interna con los de la evaluación externa.
La evaluación externa
de una Universidad, o de un Programa Universitario, no puede ser efectuada
por cualquier evaluador, menos por una instancia política suprauniversitaria.
Necesariamente debe ser realizada por "pares académicos".
Para posibilitar la evaluación
externa por pares se requiere de grupos colegiados cuyos integrantes sean
de un alto nivel académico, no estén directamente comprometidos
con la institución a ser evaluada y que cuenten con la legitimación
de la propia comunidad académica nacional.
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